[Corrientes y Aráoz] 14-12-18

Qué cosa hermosa
olvidarme de ser
en el vericueto
que me permite
el espacio que hay
en el valle carnívoro
que habilitan tus
caderas en flor

Locos los dos
los dos locos.
dormidos de tanta
colorida música
que rebota allá
donde nacen
impávidas esquinas
y sobornan sonrisas

Darme vuelta despacio
para oír tu risa
presa de ocurrencia,
comentario al paso,
pensamiento libre
que siempre alojás
con respuesta justa
innata irreverencia

Me deslumbró y toco
mojado para adentro,
con aceite en la saliva,
a ver si zafa la rosca
porque me tiene bobo,
con los ojitos cerrados,
que tengas tanta vida
agarrada de las pestañas.

[Que vuelva a girar] 9-12-18

Escribir, hasta que te sangren las sienes.
Desparramar las hojas sobre la mesa.
Que se vuelvan cartas, que sean futuro,
que empiece a girar para que duela menos.

Desde las burbujas de la levadura somos.
De tierra y cadencia. Notas de voz, presente,
pequeñas rodajas de realidad dimensionada.
Otro de esos abrazos de vida y nada más

Me extraño ahí abajo, haciendo de nubes
un puente, una versión retorcida de mí.
De deseo y descanso, preciso activar.
Que vuelva a girar como cuando era chico.

Explotado me miro desde el reflejo y van
más de mil intentos, con los garfios de humo.
Tan redondo, pero bruto, como un concepto
como un juego de dados, el miedo sin forma.

No quiero vivir paralizado, quiero que gire
loca de movimiento y progreso, controlada.
Quiero que esto también pase de nuevo
y que se lleve el barro de la alfombra nueva.

[Joven Babel] 1-12-18

La templanza de un futuro sabido,
La inquietud de la espera fortuita,
La mediación del tiempo presente.

Se detuvo a oír el viento que recorría inmune
los escalones que rodeaban la torre inmensa
arrastrando consigo mil lenguas conocidas.

Sostuvo el celular hasta que dejó de sonar
en la pantalla chorreaban pixeles de extrañeza
demasiada tensión para una sesión comunicativa

Sobre los hombros llevaba el peso de Dios
La gracia del entendimiento para que todos
al empujar fuesen uno creando titanes.

Se mojaba la frente con refrescante aversión
otra vez sentía como se le clavaba en las tripas
el fuego de la ansiedad, el miedo y el sinsentido

La sombra de Babel que encuentra nimio al rey
el grito del capataz, la sangre y la grieta del látigo
la textura de la soga y lo ominoso del cielo cercano

Era una máquina deseante y solitaria, ignorante,
retorcida en diatribas de la noche moderna iluminada
expectante del berretin de la hora despierta y tardía

El sujeto arrojado a su realidad.