[Muestrario de lugares comunes] 27-07-19

¡La vi! Guardaba en una cajita de muestras de perfume, en pequeños frasquitos, las performances de cada uno de sus ex amantes, la sensación de percibir el tiempo como un continuo, su primer baño, las vacaciones por la costa de la toscana, algunos recuerdos dolorosos de los que siempre aprende algo, las caricias de su madre, el olor a tierra mojada, la sonrisa que tenía cuando se fue a vivir sola, el gusto a vómito de su peor fisura, la compañía de sus amigas, el olor a transpiración qué tanto disfrutaba sentirse cuando estaba sola, los mates lavados de las noches de estudio, la sensación de superación al sentir que no sentía nada por ese estúpido, el color violeta oscuro del esmalte de los lunes en la oficina, dos secretos de su adolescencia, el fuego en la quinta del abuelo de la noche que entendió lo infinito que era el universo, un momento de piel erizada, algún que otro cansancio, el miedo de su primer día en su primer trabajo, una mirada de desaprobación que una señora le hizo en el subte y le hacía acordar a un personaje de Disney, una lista del super que una vez pensó en volver a usar, un boleto de avión de un viaje que tuvo que posponer porque se agarró una neumonía, 12 recetas infalibles para sobrevivir con arroz, la bronca de perder el mundial, los dolores menstruales, un cuarto de lágrima de la noche que se sintió sola y lejos, unos zapatos de la abuela que se ponía cuando era chica para jugar a que era grande, una poesía, entre otros frascos a los cuales el uso les había borrado la etiqueta.

[Sarajevo] 21-07-19

Tengo un nudo nuevo
en la mitad de la espalda
No, no es de esfuerzo
Son horas enteras haciendo lo que quiero.
¿Te imaginas una vida haciendo lo que quieras?
¿Mágico, no?
¿Qué tenes ganas de hacer?

La otra noche te esperé bajo la lluvia dos horas.
Sos el incienso de las noches de oración.
Sos el giro de tuerca, el engaño, lo vil.

La variable no medida, la herida en el orgullo.
Sos presente cada vez que apareces en mi camisa.
un poco como que bailas por la sala de no estar.
Intermitente como lo que descansa en la tormenta. Intermitente como un beso.

Sos el magma primigenio, la vibración del tambor en la noche y el fuego que se asoma de la pira bajo el humo.
Sos mil.
Sos eterna.
Sos.

[Flip a coin] 04-07-19

Contamos las cuadras de San Telmo tan progresivamente que por momentos me asustaba el desdén con el cual la soledad se ausentaba. Era cuestión de mirar por las ventanas para inventar historias a las pulperías que se habían estaqueado en el tiempo. Sabíamos (en verdad sentíamos) que los adoquines estaban dispuestos en forma de pasarela, para que los pisemos a la honra de la divertida y joven calentura.

Fue una de esas noches de otoño, un día perdido en la semana, que nos animamos a viajar un poco sobre el lomo de dos gorriones. Sentados sobre un banco de cemento, me contaste las mil y una noches, me invitaste a dormir en la calle, a la intemperie del cuerpo. Jugamos, porque no tiene sentido perder el tiempo con boludeces. Aún así hay cosas que no me acuerdo: La forma de tus botones, el ruido de los chicos jugando a la madrugada, cómo se olía antes de tu perfume.

Es que todavía me siento enorme y un poco vicioso cuando me despierta el ocio. Me acaricia de noche. Le gusta recordarme el sonido que hizo la puerta cuando te fuiste con placer sádico. Si no fuera porque el mundo no frena, volvería a jugar con la moneda para elegir en qué esquina doblar a ver si me pierdo de una vez por todas en uno de esos pasajes de Palermo.