Tratado sobre el Recuerdo [10-02-25]

“Subdue the regret. Dust yourself off, proceed. You’ll get it in the next life, where you don’t make mistakes. Do what you can with this one, while you’re alive.” D.E.

“No hay forma incorrecta de sentir”

Se dijo a sí mismo en un esfuerzo de contener la realidad. Afuera llovía, igual que adentro, pero afuera tenía un límite.

Pragmatismo a la orden del día. Revolvió el escabeche. Arrastraba la cabeza por el suelo y cada vez le dolía más la cintura. Era muy difícil tratar de centrar la atención en un hilo de pensamiento.

Pedime que vuelva por favor. Hacé de cuenta que no dije nada y aparecete un ratito. Perdón, pero sabes que soy así y pierdo el interés hasta que aparece la falta. Estoy quemado y quiero contarte la cantidad de cosas que hice para que te pongas orgullosa y me sonrías; así las cosas toman perspectiva. Una vez me enseñaste sobre eso, poder ver las cosas en perspectiva a partir de un punto fijo.

Silencio que estoy escribiendo! Gritó esquizoide para adentro.

Posta que necesito el confort de tus piernas para mirar el cielo. Necesito la caricia en el pelo que telegrafíe que todo va a estar bien. Que nadie entiende nada, pero que estamos ahí. Cositas que me dejaste guardadas para después, porque el que guarda siempre tiene.

Pero qué ganas que tengo de agarrarte de los cachetes y silenciarte para que no hagas ruido. Y que te cagues de risa y yo te siga. Y se desmorone todo y nos tumbemos a hacernos cosquillas.

¿Sabías que la gente por lo general no disfruta las cosquillas? ¿Que no se revuelcan histéricamente entre espasmos pidiendo que pare? La gente a veces no sigue el mambo.

DISOCIADISIMO. Se enfrenta al cuarto vacío y deja de ser fantasía.

[Tratado sobre la Magia] 04-09-23

Se ajustó la corbata con un movimiento que copió de una película. Le gustaba la sensación de tener algo en qué apoyarse. Una narrativa omnipotente como el pop que aunase narrativas pequeñas. La sonrisa no tenía nada que ver con el resto. A través de los gestos se escapaba, salvaje, la potencia del sol.

Mientras que escribía podía notar el hechizo haciendo efecto en el mundo. A medida que era rasgado sobre el papel, el universo cambiaba a su alrededor. A modo de input al algoritmo escribió en una hoja analógica para que lo escuche el entramado. Jugueteó con la idea mentalmente. Revisó los libros que había leído en la adolescencia, tirado en la cama, soñando que se hacía su voluntad. Las pilas infinitas de textos y las discusiones metafísicas sobre alquimia, vacío y deseo. Las relecturas de Agrippa, buscando un ancla de verdad.

Crowley, Levy, Pessoa.
Azufre, Estaño y Oro.


Merlín, Blake, Lovecraft.
Hierro, Mercurio y Cobre.


Trimegisto, Paracelso y Borges.
Antimonio, Carne y Sal.

El hecho creativo por el cual todo existe donde nada hubo. Los treinta y tres actos de humildad que hacen al hombre grande y libre. El despojarse de lo conocido para aceptar la ignorancia. Repetir una y una y una y otra vez el mismo cuento hasta que se convierta en mantra, hasta que pierda el sentido para convertirse en intención, en canción popular, en rezo silencioso, en orden inmediata, energía.

Ataja al aire con la punta de la pluma para sostenerse de eso que hace a la realidad y con fuerza decisiva imprime en la celulosa una búsqueda compartida con otros anteriores.
Es de lo que está hecha la corteza y sus pies se enraízan en el suelo del departamento.

Raya con la mirada entornada hacia sus adentros, vehemente e intoxicado del mal que recorre y expele el volutas de cigarrillo.
Es de lo que está hecha la llama y su piel hierve supurante de humos venenosos.

Se afirma sobre la mesa de metal y el mundo gira consigo mismo. Llora impotente de que su sangre haga torrente en las cavidades.
Es de lo que está hecho el fondo del océano y su voz es negra y profunda como la sombra del trueno.

Cae hacia arriba, dejándose llevar por el devenir del tiempo. Le duele la cabeza y su consciencia está compuesta de infinitos discursos con el nombre de las cosas.
Es de lo que está hecho el viento, es infinito, recorre al mismo tiempo cada rincón del mundo llevando y trayendo alegorías y metáforas.

Sostiene entre sus dedos la vara, señalando las flores.
Bebe de la copa, impúdico de los desnudos del sueño.
Corta el hilo con su cuchillo de letras, narra y anuda. Brilla con doble faz.
Conjura algunos gruñidos redondos y brillantes con fuego en la lengua.

Ahora, abraza su destino.

[Tratado sobre el espejismo] 08-08-23

Siempre hay un plan

Sintió una incomodidad propia de vestirse con un sweater de lana sin nada debajo, esto lo impulsó a moverse, pero no a rascarse, sino moverse con los hombros en un sacudón. Con la sacudida soñó pensarla menos.

Con las manos vibrantes de energía creativa tocó el teclado como si lo estuviese observando Schopenhauer. En un acto vil de voluntad irascible escribió:

Hoy, 27 de marzo de 2003, siendo las 23:23, tengo la liviandad de las mariposas.

Dos horas de haber hablado alcanzaron para derruir el manto blanco que años de terapia se ocuparon de apoyar sobre los sentimientos que me dan miedo. Bajo el relente de la luna, el escritor concentra cierto brillo inmaculado. El escritor lentamente se convierte en prosa.

No hay absolutamente nada que evite que cerrar los ojos se convierta en un campo minado lleno de comisuras. De mentón partido y calada de tabaco. De nuevo. Cierro los ojos y siento ciertos los espejismos que tus lentes me devuelven de mí. Me veo más brillante del otro lado, de lo que fui durante eternas colonias de verano dónde la inocencia hacía eco y sorpresa del descubrimiento cotidiano del cuerpo.

Y al sostenerte la mirada, estás blindada. Una película impide que vea dentro, que explore tus vulnerabilidades, que me anime a preguntarte qué pensas de la gente mala leche o cuál es, para vos, el secreto de amanecer bien despierta.

Te reconozco fiel a tu narrativa, resolviendo misterios dónde nadie perdió el poncho. Creando laberintos para recorrerlos gritando y a ciegas. Lo digo yo, que en una vulgar demostración de poder, supe arrancarle el ánimo a un vampiro.

Pequeño reflejo de razón
Quimera luxada, sonrisa ambigua
Melena de camaleón
Veo lo que quieras que vea

Pedestal de mis fantasias
Cariñito de primavera
Quiero beber de tus jugos
Y amanecer entre tus piernas

Resquicio de locura
Te Vi llorar en mis sueños
Vomitando ramos de flores
¿Cuál es el motivo que te aleja?

Te invito a pintar en cuadernos
A cantar por lo bajo
Aquello que no te deja dormir
Lo que te junta las cejas

Al día de la fecha, mis hombros concentran el peso de tus brazos y el recodo que se forma entre la confianza y la connivencia. Del diálogo que se escapa, a la excusa justa para encontrarnos siempre que las cosas pasan.

Quiero hacerte un búnker de huesos y carne, que la sangre sea tu tinta, para que escribas incontables veces, como un castigo, lo bien que hicimos al amarnos. Puedo doblar el tiempo, para que de pronto tenga sentido el habernos perdido de tantas cosas, para eliminar la nostalgia y los pensamientos automáticos, y hacer luz en los espacios de sombra que preferimos no traer al presente.

Después de todo y tantas vidas, ya no somos, por suerte, los mismos de los que sentimos verguenza en otros tiempos.

[Por ahí] 04-04-22

Por ahí no te acordás porque estabas dormida, pero mientras amansaba el matambre para hacer el desmechado flashaba futuros dónde te despertaba y sonreias. De la misma forma que lo hiciste, con los ojos entrecerrados y todos los dientes.

Estabas aniquilada de andá a saber qué aventuras. Siempre fuiste de levantarte temprano y yo de perder la cabeza con la alarma cuando la luna amaina. Sin embargo nos aguantamos. Siempre a destiempo pero con la seguridad de que cada uno a su manera tenía razón. Casi como una pulseada china. Casi que seguro que lo estás negando. Porque tengo la costumbre de la idoneidad que no me conviene a costo de pasarla feo.

Mientras vos le rezas a falsos dioses y extrañas trozos de marmol, yo te extraño y te siento cada vez que pasas por la esquina, como si tuviese un GPS rabioso, como si algo adentro mío estuviese fijado a tu campo electromagnético.

Qué te puedo contar de las ganas de seguir adelante si no son más que papel maché mojado. Un envite constante a perder las formas, el optimismo, a tirarme de cabeza de nuevo en los mismos impulsos. Pero no quiero joder aunque no sé si jodo o vos también querés cabecear de nuevo.

A esta altura no tengo muelas de tanto bruxar, las bolsas en los ojos me recuerdan en cada foto que alquilo en el terreno de la duda, con esa sensación de mierda de tener un filo en la frente y a mis espaldas. Porque dormir se me complica cuando habito en la duda, en la extrañeza, en la mezquindad de tomar decisiones que creo correctas aunque cuando las pienso tienen sabor a masoquismo.

De vez en cuando saco la cabeza a tomar aire, la ciudad fluye alrededor mío y soy libre. Visito los lugares como un turista y canto y me sorprendo y quiero darrme vuelta y compartirte.

Por ahí no te acordás porque seguías dormida, pero cuando te desperté con la bandeja de pastel en la mano sentí que estaba en el lugar correcto. No sé qué pasó después que nunca nos repetimos, pero te juro que me daría un atracón de vos.

[Caso Fortuito] 25-02-22

Se bajó de la bicicleta enérgico.

Acevedo tomaba sol de vez en cuando. Asterión descuidaba su laberinto para ver qué pasaba afuera. Solía caminar por largos ratos mientras cuestionaba fenómenos inoportunos. La gente lo distraía inoportunamente, lo que le servía para ir por rutas inexploradas. Por ahí, un detalle rojo en una mochila lo hacía pensar en una cosa, que llevaba a otra, que aterrizaba en el sentido de las rayas de los tigres o la falibilidad del sistema previsional japonés. Amaba hacerse mierda contra el caos para fundirse en las líneas de sentido asociadas a la libertad creadora del pensamiento. Cada tanto hacía un parate, tomaba una bicicleta y conectaba automático a las emociones mientras pedaleaba. Lloraba a los gritos cuando cruzaba una avenida, cantaba contento recorriendo callecitas o apretaba los dientes para ver qué tan lejos podía llegar antes de que estallasen.

El trance del contexto lo levantaba como si fuese una droga. La sensación de omnipotencia, el vacío infinito atrás y la aleatoriedad por delante. Todo eso hacía que se bajase gigante, con pasos seguros. Situación que aprovechaba para ubicar la mejor sombra que sirviese de cuna para la siesta o de plataforma panóptica. Bajo la cobertura de los árboles, a plena luz del día, se sentía invisible.

Cuando el optimismo duraba más que la tensión de los músculos ejercitados, arremetía contra la hoja e imprimía recuerdos:

Me arden las manos.
Siento fuego entre los dedos,
el anillo se derrite,
las uñas enrojecen.

Veneno en la sien.
El verde de las hojas.
Hay camiones que esperan
al sol para que cruce la calle.

El viento mueve las cortinas.
Afuera, el cielo es azul brillante,
las baldosas tambalean,
y el humo marea a la gente.

Vibrante de luz, la música.
Te movés reflejando comodidad,
tu mirada amarilla,
y el roce de las sábanas.

Camino desnudo, liviano.
Arrastro los pies,
soy un elemento furtivo,
tu evento fortuito.