[Diálogo con el café] 15-02-21

Se frotaba las manos sentado en el futón con los pies sobre la mesa ratona. La habitación estaba a oscuras salvo por una lámpara de sal que había comprado en Plaza Francia. No creía ni a palos en el poder de los iones y toda esa parafernalia de feria, pero la luz cálida siempre lo había hecho sentir cozzy. Otra de esas onironías de la narrativa. Estaba en un meta-estado de conciencia a causa de los estragos que había hecho con el café en las últimas horas. Realmente se preguntaba si no estaba llegando al vero punto de adicción. Mañana iba a parar la acidez de pecho.

Sobre la mesa había un par de hojas de cuaderno arrancadas que usaba de pad para el ratón de la notebook. Tenía que entregar un par de artículos al otro día y lo urgía el enfoque para terminar, enviar el mail y poder dormir un par de horas antes de salir de nuevo. Del otro lado estaban pasando cosas pero prefería ignorarlas, la cabeza no paraba en ninguna estación y estaba en todos lados al mismo tiempo como para ocuparse de una cosa.
Sin embargo, en impulso de manija escritora se irguió sobre sí, manoteó el papel de la mesa y probó suerte con la lapicera…

[Sobre el primer renglón]
Es como un aguijón.
Se siente cómo atraviesa la piel
y se engancha entre los omóplatos.
Tira al mismo tiempo que se despega del cuerpo.

[Deja 3 renglones de espacio]
Es muy loco cómo la vida se emperra
con los avatares más locos del universo
en querer hacer llegar un mensaje:
-la masa ardiente de sentidos
-un abrazo sentido y roto
-ser extranjero del mundo
-una historia inesperada
-el ilustrador surrealista
-histeriquear a las musas
-soledad para llenar un conteiner
¿Qué tienen en común?

[A media página]
Se levanta, da un paso y el siguiente es pesado. Estamos hiper estimulados y hablamos en plural porque de eso se trata el chiste. El espejo esperpentoso. El otro, aliado.

[Anota en un márgen]
¿Cuánta angustia pueden soportar los cuerpos? Hay posiciones de mierda y percepciones brillantes. Caleidoscópica, diría de la realidad un filósofo de inodoro .

[Retoma la poesía pero ya no es lo mismo]
¡Pensar la muerte Horacio! la verdad que te felicito, no vaya a ser cosa que pase y no la estemos pensando. Seguro te mata la vergüenza primero, de tener que explicarle que te habías distraído viviendo. Estamos tan preocupados por esto que nos vamos olvidando de jugar con nosotros mismos. Es como un pequeño calderito burbujeante. (Seguí hablando en plural que mañana no vas a entender nada de lo que estás escribiendo.)

[traza una línea dividida al medio por tres asteriscos]
Estamos vivos y eso es una noticia increíble. Ahora dejate de joder y terminá el artículo. ¿No ves que el mundo va a dejar de girar si no? El mundo en el momento que tengas que pedir una extensión en la entrega va a frenarse ahí nomás. ¡Los girasoles van a estar completamente desorientados! No van a qué hora sale el sol.

[Da vuelta la página y escribe grande]
Siento, estoy vivo, existo, ocupo un lugar.
Soy tan potencial como me interpreto.
Soy luz, doy un sentido a las cosas.
Soy tan útil como lo que hago.
Soy tan profundo como quiera llegar.
Soy una maraña de futuros y posibilidades.
Soy la decisión que define mi presente.
Soy la libertad de resolver en situación.
Soy tan eterno como el reencuentro.

[Samba] 04-02-21

Horacio salió del baño con la remera blanca vomitada, se sento en el escritorio y con las últimas fuerzas antes de quedarse dormido, escribió:

llegué temprano de nuevo, después de 40 años caminando el desierto, con los pies llagados de patear por alfombras de cuarzo. Te miré a los ojos y estabas bien. Habitaba la duda en tu mentón partido y te obligaba a hacer gestos extraños cuando mentías, pero estabas bien. Sólo que no lo sabías.

Nos dedicamos tiempo, porque es lo que único que tenemos. Me lo dijiste una vez, toda torpe, mientras sonreías con la fuerza de las raíces e invocabas las imágenes más exuberantes del planeta. En ese momento supe que en alguna parte del mundo, una ciudad se desbordaba de zombies, Pompeya explotaba entre cenizas, sonaban los Guns por primera vez en un estéreo y alguien fundía un casino.

Era tan potente la luz, que la sombra se ponía agria y se pudría.

A la gente le vuela la cabeza la gilada y acá el viento no se anima a entrar por la ventana para no hacer ruido. Me pediste aire en todos los sentidos, aire en movimiento. Y el chabón no se animaba. ¡Entrá, te lo pido por favor! ¡Como un huracán entrá y llevate todo puesto! ¡Dale! Como una brisa aunque sea. Moveme una hojita de la impresora, abanicame las cortinas, así por lo menos se que andás por acá. Moveme los pelitos de los brazos y que me suba el fresco por la columna para saber que estoy vivo. Algo haceme…

Mañana voy a estar diferente, lo prometo, pero tengo cosas que hacer. Si querés podes ser un ratito de mi procrastinación.

Afuera los autos se mueven y me da gracia que todavía exista un “afuera”. Soy un nudito de ansiedad por 15 minutos pero después relajo. Me siento raro y sé que Raro es el comodín del mundo porque nada es normal hace rato. Le peleamos el cachito hasta el último suspiro como si de eso dependiese el sentido de las cosas. Como si lo normal sirviese de escudo para poder aprehenderlo. Posta nena, afuera (todavía me hace gracia) la gente no se hace preguntas. O si se las hace, se las guardan con recelo, mezquinos de que se las roben.

Bancame.

Cómo cuesta escribir cuando se siente raro. Lo más real que veo en estos días es el tipo que me vende los camellos. Mis cafés dicen que soy “El sumun de la empatía”. Cuando no puedo dejar de escucharlos subo y bajo las escaleras corriendo, llego a los descansos y hago saltos de rana, en cada matafuegos aspiro hondo para bajar la acidez. Me estoy volviendo un tipo ácido. PH 0 en la barriga. Todo lo que no mastiqué por la ansiedad se funde solo ahí dentro.

Soy ese monstruito que juré domesticar. Soy ese monstruito hasta que me siento, miro el mate, lo cebo y le meto un sorbo.