[Tratado sobre el veneno] 29-4-19

Padre, he pecado.

He dejado que las olas del pasado me remonten como un barrilete en la tormenta.

He perdido el camino que mis huellas fueron formando con el paso de los años convirtiéndome finalmente en un producto no retornable de la sociedad en la cual formo parte.

En estos últimos días, me he encontrado en la desesperación irrisoria de aquellos que no encuentran su hogar y he decidido naufragar en un mar de impulsos, ofreciéndome bobo a un destino que no es mío, si no de lo del afuera.

He pecado de mil maneras diferentes, irreflexivas, de un tirón como lo hacen los niños que temen caer del borde del mundo. Lo hice para el disfrute del egoísmo, por el placer de ver crecer las flores, de sentir el beso en la mañana, del contacto continuo con lo inalcanzable.

He pecado al ir al trabajo, al quedarme en casa, al discutir sobre la solución, al pedir que me quiten las pastillas, al dudar de la salud de los dioses.

Me encuentro abarrotado de sentimientos, padre. Me hallo ofuscado por el peso sobre los hombros que mis limitaciones cargan al ser humano. Escucho música por las tardes para que la noche me asalte tranquilo con sensaciones que no me corresponden.

Padre, he pecado por los hombres y mujeres que habitan este cuerpo ya que no soy yo cuando la marea sube. No soy nadie.

Peco en este momento al no arrepentirme de lo que cuento, porque en el accionar reside la potencialidad de lo que seré.

Puedo decir con felicidad que lo siento.

[Bienvenida] 23-4-19

Estar ciegos un cachito
esperando que los labios guíen
con los brazos enredados
limando los bordes del cuerpo

Tener la decencia del momento.
Atenerse a la súbita presencia del cierre
para evitar los dedos y el encuadre
de una cadera levemente torcida

Beber del mate de chapa y del reloj,
recordar para reírnos de los ignorantes,
desenojarnos de nosotros mismos,
puede que sea una buena aventura

¡Qué bueno que volviste, Clara!
Hacía tanta extrañeza de futón,
Que me estaba olvidando cómo era…

[Soy de tarde, tiempo y temple] 16-4-19

Quiero escribir el perfume que hace el verano. Te lo juro. Vuelo de fiebre de pensar en mezclar el vuelo del vientito de las 7 de la tarde con la humedad que habita entre la piel y la ropa después de haber estado un buen rato al sol. En la pestañas esos abrojos que se te enganchan a la remera y encima nuestro miles de algodones blancos.

Quiero pintar un cuadro de nosotros contentos, donde la música salga por los bordes de otra manera que no sea un pentagrama. Algo más orgánico, como unos pelitos que se erizan al casi-contacto, como un trueno que anuncia lluvia, esa sensación en los codos que te da cuando te golpeas con el borde de la mesa.

Quiero declarar que estoy loco y que todo esto es un sinsentido llevando una trompeta violeta bajo el brazo. Así rompo en fanfarrias en la cara de los guardias cuando me lleven preso y mueran de risa por el chiste. ¿Quién sería capaz de esconder una trompeta violeta en un smoking alquilado?

Quiero grabar una película donde salga clarito un manto de rocío. Una película que te enseñe a vivir tranquilo de sorbo en sorbo, seca a seca, beso a beso. Donde hay quioscos 24 hs que te venden sueños para comprar a la madrugada y comer con las facturas y un cafecito. Sueños a elección para el que se anime.

Voy a hacer todo eso y un toque más. Voy a tocar los colores. Con solo estirar la mano los voy a convencer de que se vengan a pasear conmigo. Los voy a llevar agarrados de las orejas con caricias de trasnoche, para que sientan lo flashero que es despegarse del piso. Patalearán sobre la oscuridad con sus pequeñas patitas de rayo de luz.

Cuando lo haga voy a gritar tan fuerte que el eco va a quedar atrapado en el vacío, confundido de sí, pensando en lo que dirán los demás. Le voy a explicar al tiempo que crecer es una trampa pero que es inevitable y tiene final feliz. Para que pase, que hay luz, que está abierto.

[Tratado sobre el reflejo] 11-4-19

Las lenguas no se tocan.

Se interpreta que con el paso de los años los traductores no hacen más que mejorar sus traducciones de los idiomas en los que se especializan. El entendimiento sobre el cambiante campo de la comunicación se fue afinando lo suficiente como para poder cristalizar determinados usos comunes a favor de un diálogo fluido donde las dos partes pueden disfrutar de las representaciones y las metáforas como si hubiese una verdadera conexión. Nada está más alejado de la realidad que esto. Es de público conocimiento aunque infinitamente negado que la comunicación es un acto netamente ilusorio y que la lengua es un mero acercamiento a un “intento de transmitir una idea”.

Justamente anoche, a eso de las tres y pico, luego de haber intercambiado opiniones con un amigo de manera frustrante, encontré un ejemplo que despertó en mi interlocutor una consigna que me permitió demostrar el punto. Ojo, que no se malinterprete: el acto comunicativo, si bien falso, es pragmático.

Estábamos hablando de libros que habíamos leído hace algunos años y de cómo cambiaron nuestras percepciones al releerlos. Entre flashes de formas de ver las cosas, recordé una frase de Rayuela, a través del personaje Oliveira. En uno de sus soliloquios mentales propone que “En el fondo no hay otherness, apenas la agradable togetherness.” Y lo hace de una forma que ninguna palabra en idioma español se ubicaría en los lugares de “otherness” o “togetherness” ya que no hay una otredad que represente para alguien que vive a miles de kilómetros lo mismo que significa para nosotros ese otro. Como si el tipo encontrase un significado específico atrás de esas letras. Ojo que no lo pienso como una cuestión geografica o topografica. Para mí es una cuestión tropográfica. Para el inglés que se levanta a la mañana en Worcestershire y corre las cortinas preguntándose que será del otro, nada tiene que ver con nuestra cálida y húmeda otredad de tangos, café y telarañas; ni tendrá un equivalente en inglés, al cariño que podemos encontrar en la juntosidad de los domingos en la plaza tomando vino en cartón con los pibes.

Esos lenguajes que buscan su reflejo del otro lado, en su otredad, se mantienen mínimamente distantes como dos raíces que se encuentran, punta con punta, debajo de la tierra sin ser el mismo árbol. Una distancia que por más esfuerzo que impriman los músculos de la lengua, nunca van a encontrar un nivel de significación compartido, único, exacto.