[Domingo] 26-12-19

-¿Tenés un pucho?- Le mangueó Acevedo a una piba que pasaba por ahí. Debía de tener unos 24 años aproximadamente. Tenía un topcito blanco manga larga con rayas negras; o negro con rayas blancas gruesas, vaya uno a saber. Hacía conjunto con un patalón rojo a cuadrillé medio punkrocker y se había teñido las puntas de rojo. Lo que generaba un rico contraste sobre el sólido negro natural.
La piba se frenó y se le quedó mirando mientras le sacaba el celofán a un atado nuevo que guardaba en el bolsillo.
-¿Philip Morris?- Soltó Horacio en un despliegue soberano de sagacidad deductiva al ver la marca del atado. Se había lucido.
La piba lo miró como si no entendiese si lo decía como apreciación o con sentido despectivo. -Sí- Respondió definida por una mezcla de curiosidad e indiferencia. Golpeó el fondo y se asomó un cigarrillo por el agujero del común. Horacio lo agarró con gracia y se lo llevó a la boca. La piba no se movió, como si supiese que el desconocido no tenía fuego.
Constató los bolsillo y le sonrió. -Y, ¿No tenés fuego?
Ella le respondió la sonrisa con otra. -Tengo, pero… ¿Vos qué me das?
Lo hizo trastabillar. No esperaba tener que retribuir un mangazo. Se sintió incómodo al darse cuenta que no tenía nada que valiese un par de chispas de un encendedor descartable. Iba a deberle esa. Apareció ese peso que está cuando se debe algo. Tangible a la altura de los hombros, como una pequeña mochila, pero volatil como la atención. Un peso en la conciencia, intermitente y molesto.
-¿Qué querés?¿Un abrazo?- Sagáz. Inaudito. Un copado.
-Bueno.
¡¿Qué?! Cortocicuito cerebral. Abrió los brazos seguro de que ese proceso se había salteado un par de filtros de autoconservación. Dió un paso. El cuerpo hacía lo que quería. genial.
Ella se adelantó y cerró los brazos alrededor del sobretodo.

Estaba fresco pero con el abrigo no se sentía. Era un domingo de otoño bien estereotipado con sus hojitas revoloteando y el cielo gris amarillento. Bien “4 de la tarde”. Bien “salgo a caminar un rato porque si no me pego un corchazo”. Me acuerdo que me había quemado esa misma tarde un tema de la banda sonora de Donnie Darko. Mad World. Paradójicamente, si bien mi vida había mejorado bastante desde la publicación de la última nota, ese domingo estaba contemplativo. No tenía muchas ganas de hacer, quería sentarme a creer un rato.
Salí a dar un par de vueltas hasta aburrirme de flasharla con gente en parque Las Heras. Me había olvidado los puchos con el encendedor sobre la mesa porque tuve que revisar que el gato no se había escapado.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

2