[Desmalezar] 20-02-22

Atte. Colores:

Recuerdo tus manos manchadas acariciándome el pelo. Creo que una parte dejó de sentir en ese colectivo.

“Sos mi persona favorita”

Me es inevitable enfrentarme al tiempo como un continuo, sin vos, con las películas que nos hicimos y nos prometimos. Ahora escribo en la multitud y amaría el trato que me deje mudo y manco a cambio de que las cosas hayan sido diferentes. No sé, recuerdo la magia que tenías para evadir escucharte y mi fuerza bruta para entrar en las conversaciones.

Hay una línea punteada que me limita de andar haciendo boludeces. Las hago igual y me traiciono con un gusto a sangre en la boca que me da asco pero me encanta. Me la muerdo cada vez que el pulgar se mueve solo.

Pero me encanta saber que estás bien, bien lejos pero bien. Por sobre todo, amo arrancarme la cascarita de la templanza para que supure la ansiedad.

Siete veces por semana sueño que te mando mensajes diciendo que no me quiero despertar. ¿Habrase visto tamaño pelotudo?

Florecieron los girasoles pero no quise escribirte. Murió la reina pero no quise escribirte. Bajó la espuma del miedo pero no quise escribirte. Te excede cualquier intento de ser escrita. Sos de los sonidos y los colores, mientras yo tengo la muñeca muerta y el lápiz sin punta.

Extrañamente, el mundo está en otra y no se da cuenta. Espera el subte en Urquiza con la esperanza de que no llegue nunca, de volver a oler hibiscus y sonrisas, de darle un beso a los bichos y mostrarte contento la mejor forma de robarse una planta.

Espero que estés bien, muchas gracias.

[Carta desde el andén] 13-07-21

Atte. Colores:

Te escribo para que sepas que estoy en la estación de retiro. En relación a nuestras últimas conversaciones, hice lo que me aconsejabas. Pareciera que no tiene nada que ver pero la acción compulsiva de revisar entre mis cosas me llevó a encontrar nuevamente el cuaderno. La humedad lo dejó hecho percha. Las hojas se despegaron del lomo y algunos recuerdos consiguen la libertad mediante el oportunismo proveído por las ráfagas de viento del Río de La Plata.

Aprovecho este momento de espera hasta que llegue el larga distancia para consignarte a la prisión del papel. Por más que me mueva, sigo con esa fijeza propia al movimiento relativo del entorno. En esos momentos clave, dónde el rocío me despeja del vuelo del porro, cierro los ojos y aprovecho para descansar del insomnio. En qué cosa fundamental se convierte aprovechar el presente cuando estás sólo en la parada. Vengo de varias noches en el futuro. Noches de tanta incertidumbre que cuesta determinar dónde acaba la cama y comienza el suelo; en las que la expectativa de un arranque maníaco es la última esperanza de mantenerse sentado sin acercarse a los bordes.

Te escribo desde lo más profundo de la cacofonía de las mil voces que habitan en mi garganta arenosa. La misma que supo despertarte alguna mañana de otoño para avisarte que el café estaba listo. Porque siempre fui elocuente para sostener una posición aunque antes nunca lo haya sido. Perdón, estaba probando ver cómo se sentía tirar la casa por seguir una corazonada. De vez en cuando te extraño desnuda, con la pierna marcada y mi cabeza hundida saboreando que todavía estás. Tu magnífica forma de estar.

Todas las noches, cuando los fantasmas se van asustados del sol y consigo dormitar un par de horas entre el ruido de los colectiveros ortibas, sueño que cambié las sábanas y me olvidé de vos. Que ya no experimento la conexión cada vez que me pensas y que el pedacito que dejé con vos también se va de viaje.

Me alejo porque pensé en lo que estuvimos hablando y te hice caso. Da la casualidad que mientras que armaba el bolso tuve que dar con el cuaderno y me invitó a despedirme como se debe. Ahora que ya fue todo, que me pude enseñar sobre esos vicios de levantar la pata del pedal y estirar el cuello, voy a ver si puedo dormir un poco en el viaje.

Como siempre, un gusto.
Horacio Acevedo.

[Diálogo con el café] 15-02-21

Se frotaba las manos sentado en el futón con los pies sobre la mesa ratona. La habitación estaba a oscuras salvo por una lámpara de sal que había comprado en Plaza Francia. No creía ni a palos en el poder de los iones y toda esa parafernalia de feria, pero la luz cálida siempre lo había hecho sentir cozzy. Otra de esas onironías de la narrativa. Estaba en un meta-estado de conciencia a causa de los estragos que había hecho con el café en las últimas horas. Realmente se preguntaba si no estaba llegando al vero punto de adicción. Mañana iba a parar la acidez de pecho.

Sobre la mesa había un par de hojas de cuaderno arrancadas que usaba de pad para el ratón de la notebook. Tenía que entregar un par de artículos al otro día y lo urgía el enfoque para terminar, enviar el mail y poder dormir un par de horas antes de salir de nuevo. Del otro lado estaban pasando cosas pero prefería ignorarlas, la cabeza no paraba en ninguna estación y estaba en todos lados al mismo tiempo como para ocuparse de una cosa.
Sin embargo, en impulso de manija escritora se irguió sobre sí, manoteó el papel de la mesa y probó suerte con la lapicera…

[Sobre el primer renglón]
Es como un aguijón.
Se siente cómo atraviesa la piel
y se engancha entre los omóplatos.
Tira al mismo tiempo que se despega del cuerpo.

[Deja 3 renglones de espacio]
Es muy loco cómo la vida se emperra
con los avatares más locos del universo
en querer hacer llegar un mensaje:
-la masa ardiente de sentidos
-un abrazo sentido y roto
-ser extranjero del mundo
-una historia inesperada
-el ilustrador surrealista
-histeriquear a las musas
-soledad para llenar un conteiner
¿Qué tienen en común?

[A media página]
Se levanta, da un paso y el siguiente es pesado. Estamos hiper estimulados y hablamos en plural porque de eso se trata el chiste. El espejo esperpentoso. El otro, aliado.

[Anota en un márgen]
¿Cuánta angustia pueden soportar los cuerpos? Hay posiciones de mierda y percepciones brillantes. Caleidoscópica, diría de la realidad un filósofo de inodoro .

[Retoma la poesía pero ya no es lo mismo]
¡Pensar la muerte Horacio! la verdad que te felicito, no vaya a ser cosa que pase y no la estemos pensando. Seguro te mata la vergüenza primero, de tener que explicarle que te habías distraído viviendo. Estamos tan preocupados por esto que nos vamos olvidando de jugar con nosotros mismos. Es como un pequeño calderito burbujeante. (Seguí hablando en plural que mañana no vas a entender nada de lo que estás escribiendo.)

[traza una línea dividida al medio por tres asteriscos]
Estamos vivos y eso es una noticia increíble. Ahora dejate de joder y terminá el artículo. ¿No ves que el mundo va a dejar de girar si no? El mundo en el momento que tengas que pedir una extensión en la entrega va a frenarse ahí nomás. ¡Los girasoles van a estar completamente desorientados! No van a qué hora sale el sol.

[Da vuelta la página y escribe grande]
Siento, estoy vivo, existo, ocupo un lugar.
Soy tan potencial como me interpreto.
Soy luz, doy un sentido a las cosas.
Soy tan útil como lo que hago.
Soy tan profundo como quiera llegar.
Soy una maraña de futuros y posibilidades.
Soy la decisión que define mi presente.
Soy la libertad de resolver en situación.
Soy tan eterno como el reencuentro.

[Samba] 04-02-21

Horacio salió del baño con la remera blanca vomitada, se sento en el escritorio y con las últimas fuerzas antes de quedarse dormido, escribió:

llegué temprano de nuevo, después de 40 años caminando el desierto, con los pies llagados de patear por alfombras de cuarzo. Te miré a los ojos y estabas bien. Habitaba la duda en tu mentón partido y te obligaba a hacer gestos extraños cuando mentías, pero estabas bien. Sólo que no lo sabías.

Nos dedicamos tiempo, porque es lo que único que tenemos. Me lo dijiste una vez, toda torpe, mientras sonreías con la fuerza de las raíces e invocabas las imágenes más exuberantes del planeta. En ese momento supe que en alguna parte del mundo, una ciudad se desbordaba de zombies, Pompeya explotaba entre cenizas, sonaban los Guns por primera vez en un estéreo y alguien fundía un casino.

Era tan potente la luz, que la sombra se ponía agria y se pudría.

A la gente le vuela la cabeza la gilada y acá el viento no se anima a entrar por la ventana para no hacer ruido. Me pediste aire en todos los sentidos, aire en movimiento. Y el chabón no se animaba. ¡Entrá, te lo pido por favor! ¡Como un huracán entrá y llevate todo puesto! ¡Dale! Como una brisa aunque sea. Moveme una hojita de la impresora, abanicame las cortinas, así por lo menos se que andás por acá. Moveme los pelitos de los brazos y que me suba el fresco por la columna para saber que estoy vivo. Algo haceme…

Mañana voy a estar diferente, lo prometo, pero tengo cosas que hacer. Si querés podes ser un ratito de mi procrastinación.

Afuera los autos se mueven y me da gracia que todavía exista un “afuera”. Soy un nudito de ansiedad por 15 minutos pero después relajo. Me siento raro y sé que Raro es el comodín del mundo porque nada es normal hace rato. Le peleamos el cachito hasta el último suspiro como si de eso dependiese el sentido de las cosas. Como si lo normal sirviese de escudo para poder aprehenderlo. Posta nena, afuera (todavía me hace gracia) la gente no se hace preguntas. O si se las hace, se las guardan con recelo, mezquinos de que se las roben.

Bancame.

Cómo cuesta escribir cuando se siente raro. Lo más real que veo en estos días es el tipo que me vende los camellos. Mis cafés dicen que soy “El sumun de la empatía”. Cuando no puedo dejar de escucharlos subo y bajo las escaleras corriendo, llego a los descansos y hago saltos de rana, en cada matafuegos aspiro hondo para bajar la acidez. Me estoy volviendo un tipo ácido. PH 0 en la barriga. Todo lo que no mastiqué por la ansiedad se funde solo ahí dentro.

Soy ese monstruito que juré domesticar. Soy ese monstruito hasta que me siento, miro el mate, lo cebo y le meto un sorbo.

[Tratado sobre la sincronicidad] 29-01-21

Se desperezó con los brazos en alto, como si hubiese ganado algo. Esa sensación de plenitud que había sentido tan pocas veces en la vida. Recordaba hace algunos años atrás, cuando todavía las rodillas no le dolían al doblarse, ni la cintura era el bodoque de escombros que era ahora. Se cuestionaba la épica de lo pasado, pero era obvio, tampoco podía fantasear con un futuro que todavía no existía habiendo tantas posibilidades.

En ese momento tenía unos 27 años, estaba sólo en el departamento de la calle Sinclair a punto de explotar algún delivery con un pedido egoísta; cositas del capitalismo tardío. Pensó que por ahí era mucho, ya había pedido delivery ayer y se sentía esa culpita de estar haciéndole mal al cuerpo. Miraba el techo con la cabeza apoyada sobre el respaldo de la silla de madera con una incomodidad motivante mientras pensaba en las vueltas locas de la vida.

***

Mientras bajaba por la escalera contaba los días, venía de una semana entera de estar enclaustrado y por primera vez había decidido salir a la calle a ver cómo se sentía el aire de la ciudad. A la entrada del chino (porque el hambre no se iba sólo y había que comprar algo para la merienda) se colgó mirando el agua que salía de algún edificio arrastrando unas hojitas por el espacio entre la calle y el cordón.

Era una pequeña viñeta del entramado del mundo. La cantidad de cosas que debían haber sucedido para que esa hoja sea presa de su atención. Había una conexión en el sistema, un entrelazado de fenómenos invisibles que hicieron de la necesidad una circunstancia para encontrarse parado. Se sintió confidente del devenir, como si supiese una verdad absoluta pero incomprensible, como cuando uno ve un cuadro abstracto y tiene una percepción completa pero sesgada.


Subió corriendo, la salida había durado poco pero había valido mucho. Tenía que escribir sobre esto. Cerró las notas para el diario que yacían en stand by en el escritorio y abrió un bloc de notas nuevo.

Quisiera que algo te marque a fuego. Todavía encuentro recovecos en la espera para la desesperación. Esos momentos donde el entramado aprieta y me escurre para que suelte sentidos y conecte con el punto de fuga. Es que todo está tan organizado que desconfío de las formas en pos de una vuelta de rosca extra. Existe una suerte de magia intermitente que se emputece fuerte para que las cosas sorprendan y sólo pido que si alguna vez se rompe esto, que me saquen todo menos la capacidad de sorprenderme. La presencia se convierte en eso que dicen todos, un sedante, o heroína. Ahí, en el mambo, me debato sobre lo imprescindible de entender, a ver qué tanto se puede vivir en un limbo de entendimiento. O si existen otras maneras de ser-ahí sin el precioso don de la concatenación de recuerdos. Disculpá si a veces no se entiende lo que digo. Es que estoy en una que tendrías que vivirla para entenderla. Soy un racimo de nervios y la piel del estanque. Porque entre las cosas que aprendí están los skills para hacer la plancha en el huracán y correr atrás del queso. Soy como un bichito curioso y proceso las cosas re rápido. Casi que te sorprenderías de los universos que visito mientras estoy haciendo la cama o preparando el mate. Estoy en mi búsqueda y no sabés lo lindo que es tener alguien a quien contarle las epopeyas cotidianas. Sé que no sos vos, pero es tan lindo que a veces casi pareciera que sí. Me afloja una banda los hombros no tener que cargar con esto.
Espero que no te sea para tanto, es que parecés tan liviana…