Se mordió la lengua. Lo hacía cada vez que revisaba el backup a modo de placer culposo. Acevedo encontraba a los placeres culposos como el tipo de conductas que uno ejecuta cuando está solo, bajo juicio personal sabiendo que con el juez está todo charlado. No estaba equivocado, los placeres culposos podían encontrar en la fantasía un aliado perenne y esto era un fucking llamado a la acción.
Un bloc de notas decía:
Es como encontrar un pequeño recodo un bug del sistema, un pedacito de infancia es otra de las formas que engancha la historia en esos pires locos de la trama, donde salta la lente es altabear entre las ventanas y problematizar idioteces pintarse el nombre en colores cuando tenés la garganta verde
Es la evidencia más clara del paso del tiempo y que se envejece bien es un cementerio de zumbidos, una historia atrás de otra, es una vacancia es lo que no se dice pero se escribe para no pasar vergüenza porque no es por ahí es un caramelo y una catarata y una escalera y un espejo y una fantasía y una incógnita es pararse frente a uno mismo, cerrar los ojos por todo lo que fuimos, sentir de nuevo, ilusionarse Creer que uno puede superarse, dar un paso y otro, confiar en la reflexión, en la mirada para adentro y ser.
Estoy un poco muerto por dentro. Un poco nomás. No alcanzo a morir del todo. Cada día me despierta el celular justo antes del último suspiro.
Leyó Acevedo mordiéndose la lengua. Se sentía inutil y le sangraban los dedos de apretar las teclas tan fuerte. No se había acostumbrado a escribir sin la tapa de las íes y el dedo aterrizaba sobre switch desnudo haciendo que la sangre salpique las teclas aledañas.
Quiero sacar el corazón para estaquearlo sobre la mesa y arrancar el marco del cuadro para que por una vez en la vida tenga el protagonismo que merece. Con el animalismo propio de la especie, desgarrarme el pecho, abrir las costillas a dos manos y gritar al cielo hasta desfallecer en vida.
Sin embargo siento. Es inevitable sentirme porque estoy vivo. La sangre me rebota en las venas La energía me hace respirar hondo y me impulso contra las paredes hasta que se rompa o me rompa la cabeza.
Estaba enojada. Se sacó las chatas y las revoleó abajo de la cama. Al instante se arrepintió por la deuda de voluntad que tenía para cuando las tuviese que buscar. Se dejó caer de culo sobre la cama y con la mano derecha se tapó los ojos. No quería tener nada que ver. No paraba de pedir que la tierra la trague. El suelo no se movió.
Fue un breve momento de vergüenza, nada más.
Por lo que se dejaba entrever la situación, se podría decir que el hombre desintegró un palo de buena madera contra la nuca de otro. Pollock de sesos. La pared recién pintada y ya habían hecho chanchada.
Sin necesidad de riberetes, un palazo en la nuca.
Pasó los canales en el televisor viejo durante un rato. Aburrido se llenó el vaso de amargo patagónico y se rascó el muslo. Después de beber un sorbo se quedó con los codos clavados en la mesa, cabeza en medio. Con algunos dedos se abrazó la nuca como si algo hiciera presión. No quería tener que madrugar.
Pasamos toda la vida buscando formas creativas de decir las cosas.
Pensaba que quizá después de mucho tiempo, el silencio haría de las suyas y borraría los recuerdos que habían construido. Que se apagaría la última isla de neuronas que sostenían la experiencia compartida durante tanto tiempo. Que la enfermedad sería clemente y no le avisaría en el momento, ni nunca. Sigilosa arrancaría la etiqueta y no habría más sensación de vacío.
La senilidad idiota cree que puede con el gran…
El sueño fue tan fuerte que me despertó. Yo miraba hacia la oscuridad y la oscuridad estaba en todos lados. Pensé que había dormido 3 días pero apenas habían pasado 4 horas. Todavía tenía el gusto amargo en la lengua del viaje disolviéndose de a poquito. Había soñado mucho y me sentí confundido. La sensación de querer volver a terminar lo que había quedado inconcluso me perturbó muy fuerte. No sólo no volvería, si no que me lo había inventado durante un rato para no entretenerme dormido.
Persigue tus sueños.
— Es como un cable que sale de una nubecita, que se conecta con “algo” que tiene en la coronilla. La puedo ver sólo si la miro de reojo. Mientras tanto ella hace lo que estaba haciendo. Es como un aura que la acompaña a todos lados y le dice cosas. No recuerda en seguida, pero después, mientras se esta bañando suele pegar un grito para que le alcancemos un cuaderno. Ahí nomas se pone a dibujar diagramas y a escribir con las manos húmedas. Ya van 7 veces que gana la lotería.
¿Nuestra historia será contada con subtexto y llamadas al pié de página?
Escribo mientras te veo ordenar el comedor. Es domingo a la tardecita y tenés la elegancia de las sombras para compartir el espacio. Vas de un lado a otro con una gracia tan tuya, tan particular, que me gustaría parar el tiempo para estudiarte con más atención. Sos el punto de apoyo por el cual se mueve el mundo y juraría que cada vez que te detenés, las estrellas temen de no poder seguir sin vos, que el vacío se coma la gravedad y caer infinitamente en el vacío universal.
Sos de carne jugosa proyectada sobre la pared, gigante. Te percatás de que estoy escribiendo muy despacio, me mirás y sonreís, como si de pronto cayeses en la cuenta de que soy un idiota. Estoy idiota que es distinto. Creo que puedo imprimir torpemente algo de vos en esto. Como si no fueses del material de las golondrinas. Como si no fueses del viento. Como si no te hubieses criado amamantándote del río.
El rato me goza. El rato pasa. Estás radiante. No hace falta más nada.
Me comentás las mejores banalidades prediseñadas y las sazonás con el toque bizarro de costumbre. No puedo no reír fingiendo concentración. El ejercicio de creatividad se volvió poesía.
Calla. Un escritor bloqueado es una persona muda, dificultada para expresarse. Hace 15 días que vivo en el pasado. Estoy dormido, prácticamente muerto. Los edificios miran por la ventana levantando las cejas. La señora de enfrente dejó de masturbarse hace rato. Hace días que no la veo. Los edificios callan. Miran de reojo. Estoy solo. No habita absolutamente nada, más allá de la potencialidad. La realidad dejó de permanecerse. Ahora es insustancial. Anecdótica. Contextual. Por momentos intento recordar cómo era antes, pero siento que todo es lejano y externo. Por más que haya estado en el dilema atascado durante meses, no hay mucha vuelta. El motor no gira, no anda. Pierde su seguridad de contrapeso y corta la correa. Son las mismas canciones que cada día se vuelven a escuchar. Se repiten. Las facturas pasan por abajo de la puerta constantemente. Esa depresión sí se siente. Volver a escribir tiene pinta de promesa de borracho. No hay estímulos. Sobran estimulantes. La caja es un poco más compleja que de costumbre, ahora tiene adornos y luces. Callo y muevo la palanca. La vida es un pacman. la vida es un puto pacman. Fácil de aprender, difícil de masterear. Una forma sencilla, como un círculo. Infinitos puntos equidistantes a un centro. Ojalá entendiese de ejes. O de matemáticas. Despertarme a la madrugada temblando de frío se estaría volviendo la constante. Esto es como aprender a volar atado de pies. No te hagas drama, seguro mañana se me pasa.