[Agridulce] 22-4-18

Me acosté deseando, me desperté conmovido.
Con la piel llena de arrugas, ajado, como un diamante débil.
Las teclas, blancas y negras, sufrían la presión.
Una voz se asomaba por los parlantes que era un rugido.

Me pregunto si habrá tiempo para rememorar,
o simplemente la luz y un beso en la garganta.
Vidrios que bajan por el esófago y ni putas ganas de llorar,
ni las más mínimas ganas de brillar. Opaco, tímido de vos

Las letras se acomodan de a poco, van formando una escalera,
un precipicio, un lago, un bosque, una noche.
La mas profunda noche que tuve la posibilidad de gritar.
Los dedos se aprietan, cansancio, humedad, olor a humedad.

Pequeñas franjas tornasoladas, el pan viejo y duro,
el queso rancio, la sopa que rebosa grasa.
Bronca, porque hubo y hay bronca,
no poder expresarse en el delicado momento.

Se acelera, de a poco pero se acelera. El viento que suena.
Pequeños destellos entre las sabanas, algo que contar.
Fricción de pequeños rozamientos que despiertan el fuego,
los pelos en las falanges arden y danzan.

Corretean como una estampida, empujando y llevándose.
Ellos son todo, están en todo, van por todo.
Corretean y se detienen en impaciente movimiento.
A cabezazos limpios agitan el aire y rebuznan.

Se siente ese calor de aliento, de párpados cerrados.
el tiempo.

[Que pase el que sigue] 6-12-13

Hay belleza.
Los vecinos no duermen.
Dejan escapar entre las rendijas
pequeños haces de luz.

Alguien silba el bolero de Ravel.
Una vela titila mientras miro por la ventana.
Algunas voces son pensadas
si hay recuerdos temporales en lóbulos.

El vapor sale de la cafetera y se mezcla
bobamente como quién quiere la cosa,
con el humo de mi cigarrillo.
Hay belleza que se escapa de la fotografía,
se escurre por los bordes menos imaginados.
Hay aristas y puntos, silencios quebrados.
El ventilador tira ese aliento de verano
que visita y junta piel muerta en los rincones.

Porque hay belleza, hay necesidad.

Hay labios y cabellos.
Gente recostada que se mira a los ojos y manos con dedos,
que sienten ese vértigo del paso áspero de la piel,
mentirosa, pero de esas mentiras bien contadas,
que nos gustan y ajustician el momento con una historia
que va a valer por sí mismo el olvido y la ilusión

Hoy muevo la lengua,
la refriego por el suelo,
la machaco para sacarle el jugo,
jugo de la hembra lengua,
que tiñe de negro el papel,
y deforma lo contingente;
que da alas a los chanchos
y duerme a los chicos.
Se tuerce y se desvela
apoya, pulsa, impulsa,
me abre los ojos.

Si despertar es una batalla menos,
que ardan las trincheras.

[La cachetada] 3-2-16

Detuvo la mano a unos centímetros del cachete. Iba con un pulso justo y medido a reventar lo que quedaba de humanidad. Fuerte, como esos faquires que aguantan el vidrio roto clavado en los pies.

Fue lamentable. La mano se detuvo pero el gesto siguió. El rostro optó por cambiar el punto de perspectiva cardinal y con un leve retraso lo siguieron los colgajos de piel  aferrada a la mandíbula, con dientes y músculos en un tsunami rojo.

Un tren, como los que quería ver el Flaco. Sólido, contundente, opaco. dio paso al aire con florituras secas, para que salga despedido.

Se caía en el remolino de la vergüenza. Todo lo que se construía se caía. Noches enfermas de planificación, un edificio demoliéndose. ¡Qué lástima!

[Tratado sobre algunas pasiones] 19-8-13

De grandes infiernos personales,
y pequeñas apariciones en la mesita de luz.
Viajes en grises trenes
y temblorosos accesos a Existencia.

Refriego la cabeza contra la almohada,
dejando solapadas unas pujantes ganas de verte.
Pañuelos que sobresalen del bosque,
entre los extraviados retazos de semillas.

Entre el eterno retorno
Eu faço o que posso
Mi manchi così tanto il mio caro
How i wish you were here

Estoy hecho un patchwork un tanto animal
que decide salir a buscar canciones.
Medio torpe, medio avivado,
me tropiezo y me dejo levantar.

Entre algunas luces y algunas faltas,
una castración no del todo resuelta.
Vuelven a haber vías, hospitales,
azulejos blancos y frazadas

Hay voces, algunos ruidos, sueños,
olor a provoleta cocinada a la hornalla.
Disección de las partes, compañía y
una cuerda en Sol que me ata las muñecas.

El torno gira y las virutas saltan.
El Objeto comienza a tomar forma.
sacar filo.
brillar al rojo.

Una historia de una ida y una vuelta.
Una canción de los beatles.
el hijo de satanás de bukowski.
I can’t get no satisfaction.

[Lo indecible] 5-8-14

Miro el espejo, miro detrás del espejo, no hay espejo. Hay un sujeto desconocido que mira detrás del reflejo buscando encontrar detalles, barba de un par de días, labios prominentemente carnosos, lóbulos puntiagudos en las orejas, pelo rebelde y mal cortado, mirada que penetra hasta el alma; dejando a medio camino retazos de pensamientos.

“No quiero que me lloren” es pensado el sujeto, mientras unas impresiones le abrazan el rostro. El cuerpo es tan débil y frágil. Siente cómo se asemeja a hojaldre la piel. El velo cae dejando la carne expuesta, los huesos del codo se asoman entre los vestigios de lo que lo hace humano: El lenguaje.

Sobre sus pies anidan veranos completos de tardes repletas de canciones que completas alojan mujeres repletas hasta el hartazgo. Una falange rebota contra el empeine y rodando se esconde debajo del mueble del espejo. Los tatuajes que cubren las piernas se decoloran y pierden el sentido de pertenencia y propiedad, se desdibujan tomando formas y significados desconocidos. Capa tras capa, una más transparente que la otra, va limpiándose de sí. El sujeto cambia. El sujeto muere y reencarna.

En el piso yace la vacancia y el relleno. Se siente poesía, se borra a sí mismo. Le duele errar y obligarse a deambular en su cuerpo. En las palmas de sus manos el vacío pesa y forma llagas que escurren un bordó que (le recuerdan a su madre indicándole cómo pintar, como formar colores “el trazo: suave, despacio, redondo”, “el Bordó: rojo cadmio y violeta, rojo carmín y siena”) a medida que caen manchan los desechos de ser.

Las cejas se inclinan y se sueltan, mostrando cómo el líquido de los globos oculares se escapa y va a parar a la cavidad bucal. Por ósmosis el líquido entra, el hombre por definición es sordo y el humo sale por la nariz para mezclarse con el vaho del ambiente. En el pecho los pectorales se elevan como mariposas y un corazón sale expulsado para reventarse contra la pared del ambiente, liberando vapor a presión para todos lados. De la nuca hasta la frente se abre, mecánicamente como una compuerta, la tapa del cofre mientras hace un chirrido que aleja las ratas morbosas que se acercaron pisando las maderas del contrapiso, esquivando sustancia, para ver el espectáculo.

En lugar de cerebro hay una máquina, procesando cada suceso del sistema, dando explicaciones a todo A*B*X=Z. Las uñas que quedan se levantan como queriendo revelarse al sometimiento de ser olvidadas herramientas de caza e impulsan a clavarse en el papel tapiz, en un movimiento de animal desesperado. Las rodillas se luxan y la torre cae incendiada mientras que los pulmones se convierten en fuentes que emanan agua de alguna sed de alguna vez. El incendio se apaga y solo quedan cenizas, entre ellas Resuena un grito y todo se vuelve a reconstruir, a reescribir, a rematerializar. Vuelvo a abrir los ojos, ahí sigue el espejo y acá sigo yo.